lunes, 31 de marzo de 2014

EXPOSICION : PICASSO Y SU TALLER , en la Fundacion Mapfre



Picasso en el taller es un tema muy concreto y acotado de la obra picassiana pero que nos sirve para ver un poco el conjunto de lo que fue desarrollando. Se podrían hacer infinitas exposiciones sobre Picasso: Picasso y sus mujeres, Picasso y sus amigos, Picasso y sus ciudades, Picasso y sus etapas, Picasso y sus temáticas...incluso en Londres hubo una de Picasso en Reino Unido.
Aquí vemos la relación del genio con su estudio. En las obras de esta exposición Picasso habla de sí mismo y de su obra, de su lugar de trabajo. El laboratorio de creación era para él un tema importante sobre el que reflexionar. Los talleres, entendidos no sólo como lugar de trabajo, sino también donde se desarrolla la creatividad, son un tema fundamental en la obra picassiana. Unas veces, puede ser su propia vivienda y, otras, la casa de un amigo o, incluso, la habitación de un hotel. Llenos de recuerdos, obras de arte, fotos de familiares y amigos, estos escenarios nos acercan al devenir diario del artista y a su obra. Se convierten en “paisajes interiores” –tal como él mismo los llamaba–, en recintos sagrados que representan la crónica de sus variaciones estilísticas e iconográficas.

Comisariado por María Ocaña, reúne cerca de 80 lienzos, 70 dibujos y grabados, 26 fotografías, cerámica y una decena de paletas del artista que permiten apreciar el modo en que el taller de Picasso se convierte en el centro sobre el que gravita toda su creación, el lugar en el que se entrelaza su arte y su vida.

Las obras provienen de 30 prestigiosas colecciones públicas y de colecciones particulares que se han mostrado en muy pocas ocasiones al público, por lo que la exposición constituye una oportunidad única para apreciarlas.

Hace hincapié en los diversos estudios en los que fueron realizadas. Le Bateau Lavoir, los ‘boulevards’ de Clichy y Raspail, Montrouge, La Boétie, Boisgeloup o La Calofornie son sólo algunos de los sitios en los que Picasso dio rienda suelta a su creatividad.

El recorrido comienza con el famoso Autorretrato con paleta, de 1906 (Philadelphia Museum of Art), y finaliza con el también autorretrato Hombre en el taburete, de 1969, presentado por única vez en la primera exposición del Palais des Papes de Avignon en 1970. Entre ambas obras, en las que Picasso se autorrepresenta como pintor y mirando fijamente al espectador, transcurren más de 60 años de su vida artística en los que el artista trabaja en diferentes estudios (Le Bateau-Lavoir, Boulevard de Clichy, Boulevard Raspail, La Boétie, Boisgeloup, La Californie y, finalmente, Mougins). Se representa como se han representado sus admirados predecesores. Con la paleta (Velázquez, Goya, etc.) y en un taburete, Cezanne. En todos ellos el taller deviene, al mismo tiempo, espacio de experimentación y motor de reflexión sobre el ritual y el trabajo del artista en la tradición pictórica.


Autorretrato con paleta, de 1906 (Philadelphia Museum of Art), es del mismo año que Las señoritas de Avignon y el Retrato de Gertrude Stein fue pintado al regresar de Gósol donde pasó un verano. En Gósol se revitaliza con la fuerza mediterránea y la belleza de su compañera Fernande Olivier.  Es un punto final de la etapa rosa y hay una ruptura con la ley tradicional de proporción que anuncian una verdadera conmoción estética. Es el mismo año de la retrospectiva de Cézanne y también de Gaugin. Color como soporte de la forma. Picasso le dijo a Matisse: “Yo domino el dibujo y busco el color; tú dominas el color y buscas el dibujo”. Matisse se rió de él y juró hundirle cuando vio Las señoritas… porque consideraba el cuadro una burla.

Como casi nadie entiende Las señoritas de Avignon y su relación con Fernande va de mal en peor, Picasso entra en un estado de ánimo bajo, pero no cede. No quiere escandalizar sino crear un lenguaje basado en contradicciones para romper convenciones en lo clásico y en la belleza. Encuentra dos aliados que son André Derain y Georges Braque que habían comprendido que la representación objetiva no tenía salida. No se trata de un ismo más, sino de la ruptura definitiva con la pintura tradicional. Se adopta así la llamada «perspectiva múltiple»: se representan todas las partes de un objeto en un mismo plano. La representación del mundo pasaba a no tener ningún compromiso con la apariencia de las cosas desde un punto de vista determinado, sino con lo que se sabe de ellas. Máscaras africanas. Braque aporta entusiasmo por Cézanne y Derain por las máscaras africanas y el arte primitivo.

El taller: espacio de experimentación.
El cubismo marca un punto de inflexión en la evolución del artista malagueño, a través del cual muestra su orientación más abstracta.  En 1909 trabaja en un taller en Montmartre y ya es cada vez más reconocido. En 1912 comienza a introducir objetos reales en sus composiciones, ya en el periodo de cubismo sintético.

Naturaleza muerta con calavera (1907-1908). Muy afectado por el suicidio de un pintor alemán amigo suyo al que se lo dedica.

A partir de 1906-1907 se desarrolla el cubismo en distintas fases, lentamente aparece el cubismo analítico que en 1909 ya es un hecho y que en 1910 da paso al cubismo hermético cerrando cada vez más la paleta de color y la descomposición de las formas. Llegan casi a la abstracción pero se resisten. Por ello se inclina hacia el cubismo sintético (con la colaboración de Juan Gris) en los siguientes años y en ese intervalo introduce objetos reales en sus cuadros dándoles un formato también nuevo: ha nacido el collage. El color es más rico que en la fase anterior. Estas obras sintéticas son más simples, más sencillas de entender en cuanto a que son más figurativas, se ve claramente lo que se pretende representar. Los objetos ya no se reducen a volúmenes y planos expuestos en diversas perspectivas hasta ser irreconocibles, sino que se reducen a sus atributos esenciales, a aquello que los caracteriza de manera inequívoca sin lo cual no serían lo que son. Por ello, aunque reducido a lo esencial, queda claro en todo momento lo que son. Para representar los objetos «tipo» de manera objetiva y permanente, y no a través de la subjetividad del pincel, se recurre a lo que parece un ensamblaje. Los cuadros están formados por diversos materiales cotidianos que se pegaban o clavaban a la tela.

En 1912 se separa  de Fernande Olivier y conoce a Eva (Picasso la llama así aunque no es su nombre real, también la llama Ma Jolie). Muere su padre en 1913 y estalla la I Guerra Mundial. En 1916 muere Eva. Entra en una atmosfera de pesimismo general.
Viaja a Italia en 1917 lo que provoca una vuelta al naturalismo y colabora con el ballet Diáguilev. En 1918 se casa con la bailarina Olga Koklova. Sigue desarrollando el cubismo y paralelamente hace incursiones en el puntillismo, aparecen las voluminosas figuras que recuerdan a Pompeya (Grandes bañistas) y realiza retratos y Arlequines. Es tal vez la época más ecléctica y experimental. El taller será el espacio donde desarrolla toda esta experimentación. A partir de los años de 1920, el tema del taller se convierte en el centro de la creación artística de Picasso.

El taller de Picasso es campo de pruebas y hogar donde da rienda suelta a la creación, así como a su pasión por las mujeres que le acompañan a lo largo de su vida. Estos entornos resultan determinantes; en todos ellos, por ejemplo, hacía un frío terrible y el artista llegó a quemar dibujos para entrar en calor. En sus conversaciones con Brassai, afirmaba: “puedo decirle una cosa: el frío estimula, nos pone en movimiento. Trabajamos para calentarnos y nos calentamos trabajando”
Vaso y pipa o Pipa, vaso y antifaz, ambos de 1918, y realizados con óleo y arena, son muestra de la experimentación abstracta de este periodo. Aunque Picasso nunca llega a la abstracción, siempre hay un motivo, y cuando ve que se queda sin salida, cambia.
Durante el verano de 1919, que el artista pasó en Saint-Raphaël, trabaja en una serie de bodegones que combinan el lenguaje naturalista —el del paisaje que se atisba a través de las ventanas que utiliza como fondo—, con el cubista —el de la naturaleza muerta—. Tal es el caso de Naturaleza muerta frente a un balcón con puerta y llave, de 1919 y de Guitarra y mesa delante de una ventana. Introduce color debido, tal vez, a la influencia italiana (viaje en 1917).

Las naturalezas muertas de estos años insisten en los motivos de la vida cotidiana como el velador, los instrumentos musicales o el papel pintado. Su obra ofrece múltiples puntos de vista sobre el mismo objeto, plasmando diferentes planos sobre la tela, como ocurre en Guitarra y partitura, 1920. Se elimina la posibilidad de que estos objetos sean observados desde un único ángulo, del mismo modo que el artista ha evitado esa representación única.

Naturaleza muerta con busto, de 1925, es una de las grandes obras de esta etapa, ya que supone un verdadero cambio de rumbo en la evolución del artista. En este lienzo el motivo clásico convive con la novedad del cubismo, un lenguaje que a priori rompe con la tradición y se funde en armonía con la sencillez y tradición de la cabeza. El lenguaje cubista da paso al clasicista como en Velador delante de un balcón (1919) es un ejemplo de cómo el cubismo da paso al clasicismo, estilos que Picasso utilizará indistintamente a partir de estos momentos.

La modelo en el taller: entre el clasicismo y el surrealismo
La vuelta al clasicismo de Picasso tiene lugar en los años veinte, tras el viaje que hace a Italia en 1917 para realizar los decorados del Ballet Parade junto a Diáguilev. En 1925 sufría una gran crisis en su relación con Olga. Había nacido ya Paul, su primogénito al que quería mucho y que siempre estuvo a su lado. Hay agresividad en las obras de esos años. También muere Juan Gris y su amigo Ramón Pichot se suicida.
En 1927 conoce a Marie-Thérèse Walter, que se convertirá en su amante más joven (17 años) y entregada, y le dotará de una pasión y una vitalidad renovadas.  MT personificará, en sus obras, la pasión y vitalidad juvenil del artista. Surge entonces una nueva figuración femenina: las formas curvilíneas y voluptuosas de la mujer adoptan diferentes identidades, se convierten en sinuosos bodegones en el taller, en un sinfín de paisajes interiores y exteriores en el que el artista la recrea. Lo redondeado de las formas también es una contraposición al carácter afilado y rígido de Olga. Erotismo.

A partir de este momento, Picasso alternará formas clásicas y cubistas, también surrealistas, creando un estilo absolutamente propio. En 1924 el surrealismo culmina su ideario  y Picasso se ve influenciado porque tiene relación estrecha con algunos (Breton) aunque nunca llegó a hacer una obra puramente surrealista. Eran ellos quienes reivindicaban su obra aunque Picasso sigue su camino. No los necesitaba pero ellos a él sí, el poder en el mundo del arte de Picasso ya era enorme.

En junio de 1930, Picasso compra el chateâu de Boisgeloup, al noroeste de París. Allí comienza a esculpir en piedra grandes figuras femeninas de formas redondas y aspecto primitivo y voluptuoso que también serán trasladadas al papel y al lienzo; tal es el caso de Joven con mandolina (Marie-Thérèse), de 1932 o de El pintor y su modelo (1932-1937).

Estas obras culminan en las cien estampas conocidas como la Suite Vollard, que realizó para el marchante del mismo nombre entre 1930 y 1937, en las que el tema del taller del escultor y del artista y su modelo resulta fundamental. Obra maestra del grabado.  Minotauromaquia, alter ego y representación de su situación con las mujeres.  También político. En estos momentos trabaja en su taller del castillo de Boisgeloup. Allí vuelve a ser feliz y se refleja en su obra. Inspirado por MT.
Picasso insiste y trabaja en esta idea durante toda la década de 1930. La modelo sale y entra del taller, en ocasiones descansa tendida al sol – Mujer tendida al sol con las piernas cruzadas, 1932 - y en otras deja caer la cabeza mientras sus formas monumentales son desmenuzadas por el pintor, El taller, 1934.


El taller se convierte en el laboratorio en el que Picasso busca nuevas fórmulas que sintonicen sus experimentaciones cubistas con el clasicismo de los últimos años y las nuevas actitudes que el surrealismo le sugiere. En 1935 Marie-Therese está embarazada de Maya y eso precipita su ruptura con Olga. En 1936 estalla la Guerra española. Es la peor época de su vida según él dijo.
A partir de la guerra,  la nueva atmosfera española y europea se refleja en su pintura. En Mujer en un sillón rojo, 1939, se aprecia el cambio, es una mujer pensativa, retrospectiva y las formas ya no son dulces y sinuosas como en las obras de MT sino agresivas y afiladas. También la paleta de color cambia. Picasso y Dora Maar se conocen en 1936, ella tiene 29 años y él 55. Los presenta Paul Eluard con el que tenía estrecha amistad. Picasso ya era famoso y muy rico. Ella documenta gráficamente la creación del Guernica. Al estallar la Guerra el gobierno de la república al que Picasso apoyó lo nombra director del museo del Prado y aunque no ejerció el cargo se ocupó de que las obras estuvieran a salvo durante la contienda.
Las metamorfosis en tiempos de guerra.

A raíz del estallido de la Guerra Civil española, el ánimo de Picasso decae aunque se aleje del relato explícito de la contienda. Él siempre fue pacifista incluso cuando eso era considerado una traición. En 1937 encuentra un nuevo estudio en la Rue des Grands-Augustins, donde Balzac había situado el escenario de La obra maestra desconocida con cuyo protagonista Picasso se sentía muy identificado desde Las señoritas de Avignon. Allí crea uno de los testimonios más descarnados de la guerra y una de sus obras emblemáticas: Guernica, 1937. Realizada en apenas dos meses, la obra simboliza el dolor y sufrimiento de una nación destruida por la lucha fratricida, así como su propio rechazo ante la violencia desencadenada.

Las naturalezas muertas reaparecen en su obra, al igual que había sucedido en los días precedentes a la Primera Guerra Mundial con los bodegones cubistas. Naturaleza muerta con paleta, vela y cabeza de Minotauro, 1938, remite directamente a Guernica al citar la luz de la vela reflejada en las paredes y la cabeza del Minotauro, retomando ese motivo clave que empleó en la obra dedicada a la guerra. Luego lo pintará en rojo, sangre. Son resultado directo del Guernica y de su estado de ánimo. Mueren su madre y Ambroise Vollard.

Los cráneos y los puerros pueblan otras composiciones; pinturas tan importantes como Cráneo de toro, frutas y jarrón, 1939, es un buen ejemplo de las vanitas que realiza en estas fechas, que son de amplia tradición española y nos devuelven a maestros como Zurbarán o Sánchez Cotán. Falta de materiales durante la II Guerra Mundial en el sur de Francia…escultura. Ausencia de color.
Son años muy malos en Europa y Picasso apoyó como pudo a la resistencia pero estaba estrechamente vigilado por la Gestapo y dio postales del Guernica a los nazis diciendo Souvenir! Souvenir! Un oficial le pregunto viendo el cuadro, esto lo ha hecho usted y él respondió: “No, no…lo hicieron ustedes”. Algunos colegas lo acusaron ya que despertó muchas envidias. Tras la liberación de Francia recibió el reconocimiento del mundo artístico en el Salón de Otoño que hasta entonces sólo habían recibido pintores franceses.

La vuelta al Mediterráneo: parodia del arte
A finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, Picasso pasa los veranos en la Costa Azul.

En 1943 conoce a Francoise Guillot y se aleja de Dora y MT poco a poco. Tiene con ella a sus hijos Claude y Paloma.  En 1953 Francoise lo abandona y en 1954 conoce a Sylvette con la que establece una corta relación platónica y cuya cola de caballo retratada por Picasso se pone de moda. Aparece Jaqueline Roque con la que ya convive en 1955. Es el momento álgido del expresionismo abstracto y de Pollock pero Picasso nunca se dejó influir en contra de su voluntad.

En el verano de 1946 Picasso emprende un gran viaje a Ménerbes, Cap d'Antibes y, finalmente, a Golfe-Juan. En Vallauris visita a Georges y Suzanne Ramié, dueños del taller de cerámica Madoura. A sus 65 años, Picasso comienza a interesarse por esta disciplina. Tras comprar varios locales vacíos de una antigua fábrica de perfumes en la Rue du Fournas, en Vallauris, trabaja la cerámica: el motivo del pintor y la modelo puebla estas piezas. La cerámica y muchas de las figuras de este período expresan alegría y felicidad, reflejan el amor por la naturaleza, el mar, la playa, el aire, la arena. De forma paralela realiza obras completamente distintas, irónicas y amenazadoras.
Esos mismos años, en 1953 tras su separación de Françoise Gilot, realiza una serie de ciento ochenta dibujos de nuevo en torno al tema del pintor y la modelo. Esta suite —publicada al año siguiente por Tériade en Verve, con el prefacio de Michel Leiris titulado "Picasso y la comedia humana o las aventuras de Gros Pied"— recrea de modo casi obsesivo la relación entre el artista y la modelo, y por extensión la del artista con la pintura. El pintor ya no es aquel escultor de la Suite Vollard que se solaza y ríe; la vejez ha hecho su aparición y la reflexión sobre el paso del tiempo es un motivo más en las obras de este período. Es una reflexión sobre el paso del tiempo ya que en esa época desaparecen muchos de sus amigos (Eluard, Derain, Leger, Matisse). Reflexión nada complaciente sobre el amor y el deseo en la vejez. Para Picasso la mujer era sobre todo fuente de enrgía.

En 1955, Picasso compra la villa Belle Époque La Californie seducido por las vistas a la bahía de Cannes. Por aquellas fechas inicia una serie de obras inspirado por el perfil de su nueva compañera, Jacqueline Roque. Desde finales de octubre hasta abril de 1956 trabaja en varios "paisajes interiores" que muestran el interior de La Californie vista bajo los distintos tonos de luz a lo largo del día y en los que la figura de Jacqueline tiene un protagonismo cambiante.
En algunos, su figura centra la composición —Mujer en el taller (Jacqueline Roque), 1956—; en otros, son las grandes ventanas, vistas como vidrieras de una iglesia, las que protagonizan la composición, como en El taller, 1955.
Desde mediados de verano de 1957 Picasso se traslada a las habitaciones del piso superior de su nueva villa, hasta el momento deshabitadas, para poder trabajar con tranquilidad. Desarrolla dos temas a la vez: por un lado retrata aquello que le rodea, como los pichones que vivían en el palomar levantado por él mismo. Por otro, trabaja en una nueva serie con cerca de cuarenta y cinco variaciones en torno a Las meninas de Diego Velázquez (1656), producidas en menos de seis meses entre el verano y el invierno de ese año. Picasso conocía Las Meninas desde que visitó Madrid con 14 años y desde entonces era uno de los cuadros que más admiraba por su perfección compositiva y lumínica. Es una vez más el tema del pintor y su modelo y en un mes y medio pintó la serie de 58 óleos de Barcelona. Va cambiando el formato, realizando estudios de las figuras y otorgando cada vez más importancia a la figura del pintor. Trastoca el orden social para atribuirse el papel rector, el de Velázquez y el marco de la realeza queda desprovisto de majestad. Fue una serie que ocupó la totalidad de su tiempo mientras estuvo dedicado a ella, al contrario de lo que hacía habitualmente que alternaba ocupaciones.

El pintor y la modelo – 1961-1972
En septiembre de 1958, cansado de las numerosas construcciones que se levantaban en torno a la bahía de Cannes y de la afluencia turística, Picasso compra el château de Vauvenargues, un castillo del siglo XIV remodelado en el XVII, ubicado en las faldas del monte Sainte-Victoire (Lugar donde había trabajado Cezanne casi toda su vida). Solo tres años después, sin embargo, traslada su residencia a Notre-Dame-de-Vie, una finca en el flanco de una colina de Mougins, donde residirá hasta su muerte en 1973.

Durante ese período Picasso retoma algunos de los temas esenciales de su producción, y especialmente el del pintor y la modelo, que será el motivo central del Cuaderno 1097, realizado entre el 17 y el 23 de enero de 1964. En esta época continúa trabajando con el frenesí de siempre pero ahora con mayor libertad que nunca y su vida social se va reduciendo bastante. Sus amigos van desapareciendo y se centra en su obra más que nunca.

En estos dibujos domina la línea, las formas se han simplificado y parecen realizados de forma rápida, a vuela pluma. El estudio sigue siendo el lugar en el que se representa la escena en la aparecen el pintor y su modelo, y continúa teniendo ese peso específico de ser el lugar donde se desarrolla la obra y la vida.

Sobre 1968 realiza varias series de altísimo contenido erótico como la de Rafael y La Fornarina, los mosqueteros, Celestinas, Baco, viejos mirones. Tenía 87 años pero está más activo que nunca. La serie fue censurada en varias ocasiones. Celebra sin vergüenza la condición humana. También realiza cuadros de besos y abrazos en esta época. Él mismo decía: “Hay que saber ser vulgar”. Se traduce en un torrente incontenible de pinturas, dibujos y grabados que exaltan el cuerpo de la mujer y el placer de la relación sexual. Las convenciones le traen sin cuidado y la libertad supera al buen gusto hipócrita dando lugar a un exhibicionismo reforzado por el voyerismo.
Su principal modelo en esta época es Jaqueline de la que hace incontables retratos, más 70 solo en 1962. Mucha actividad artística en diferentes técnicas como cerámica y linóleo además de pintura. Exposiciones retrospectivas  de su obra en los mejores museos con mucho éxito y afluencia de público (Londres, Los Ángeles, Nueva York, Tokio, París, etc.) aunque Picasso no las visita.
En esta época sigue dando su versión particular de los maestros antiguos. Hace versiones de la Merienda campestre de Manet (1960-1962) y El rapto de las Sabinas de J.L. David (1963). También del cuadro de Delacroix Mujeres de Argel. Curiosamente en todos estos cuadros hay una representación del desnudo femenino en diferentes puntos de vista artísticos. Algunas son monocromáticas o con colores contrastados, y con independencia del tratamiento figurativo o cubista, todas mantienen siempre una atmósfera erótica más metafórica que la de sus predecesores.

La relación del artista con su modelo aparece ahora como una reflexión nada complaciente del amor en la vejez. Un pintor es un mirón, un voyeur. Le distingue esa intensa observación de lo ajeno. Lo fueron Rafael y Rembrandt, Degas, Delacroix, Manet; también lo es Picasso.
Así lo vemos claramente en El pintor y su modelo, obra realizada en 1963, donde los ojos aparecen desproporcionadamente grandes y destacados, más incluso en la representación de la modelo que en la del artista trabajando. También en Cabeza de hombre y desnudo sentado de 1964.
En esta línea hay tres subtemas: el pintor y su modelo, el pintor trabajando y la confrontación hombre-mujer, que giran en torno a la intensidad de la mirada y la representación del acto de pintar. Son lienzos hechos rápidamente, con gran economía de medios, en los que los detalles anatómicos y los rasgos están señalados con puntos y pequeños trazos. Son suficientes para transmitir toda la intensidad de la escena.

La mirada acerca al pintor al objeto que elije observar, que en este caso es la modelo. Pero el artista también necesita distancia para poder representar lo que observa. En ocasiones atisba a la modelo desde fuera del taller; otras, parece entregado a la exaltación creadora, representándose a sí mismo como un anciano o como un joven, resistiéndose a la realidad temporal a la que todos los humanos, artistas y no artistas, están sometidos.

La modelo es más que una modelo posando: realmente es una mujer que se ofrece a los ojos del artista. Es una ofrenda para su mirada, para su observación; una figura de la que también terminará apoderándose el tiempo, pues, a fin de cuentas, la mujer que Picasso pinta es una creación de su mirada en su taller, con sus pinceles.

En el taller se producen todas las variaciones sobre este tema, conteniendo siempre sus elementos fundamentales: la paleta, la modelo, un cortinón que enmarca el espacio y, por supuesto, el propio Picasso.

A lo largo de toda su trayectoria, el artista ha ido identificándose con muchos de los personajes que representa en sus obras. El escultor de la Suite Vollard, el minotauro, el bufón… El voyeur es ahora un pintor viejo y la modelo se ha convertido en un “monstruo”. El tiempo ha hecho su trabajo y la mirada se ha convertido en testimonio de ese tiempo.

 Autora: ELENA CAMPO



jueves, 27 de marzo de 2014

Mis poemas preferidos XI : " Te quiero" de Luis Cernuda


Te quiero. 


Te lo he dicho con el viento, 
jugueteando como animalillo en la arena 
o iracundo como órgano impetuoso; 

Te lo he dicho con el sol, 
que dora desnudos cuerpos juveniles 
y sonríe en todas las cosas inocentes; 

Te lo he dicho con las nubes, 
frentes melancólicas que sostienen el cielo, 
tristezas fugitivas; 

Te lo he dicho con las plantas, 
leves criaturas transparentes 
que se cubren de rubor repentino; 

Te lo he dicho con el agua, 
vida luminosa que vela un fondo de sombra; 
te lo he dicho con el miedo, 
te lo he dicho con la alegría, 
con el hastío, con las terribles palabras. 

Pero así no me basta: 
más allá de la vida, 
quiero decírtelo con la muerte; 
más allá del amor, 
quiero decírtelo con el olvido.


Luis Cernuda

sábado, 22 de marzo de 2014

Reseña de " Las armas y las Letras" de Andres Trapiello.

LAS ARMAS Y LAS LETRAS

Después de  reiterarse este título en las recomendaciones de amigos con los que comparto gustos literarios; saber, que fue la primera edición de este libro la que ayudo a resucitar literariamente al autor Chaves Nogales, fue quizá la razón más determinante para decidirme a leerlo. Casualmente, unos días después de comprarlo tuve la oportunidad de conocer a su autor, Andres Trapiello, en un encuentro literario en el Café Gijón organizado por Sanchez Dragó. Su genuina humildad, su erudición y su sentido del humor me conquistaron. Recomiendo especialmente la lectura de su blog: “Hemeroflexia”.

La obra es un manual de la literatura concebida durante y sobre la guerra civil española. Un momento histórico terrible, sin embargo una época dorada en cuanto a la coexistencia de un alto número de intelectuales y escritores ilustres. La generación del 98, la del 14 y la del 27, entre muchos otros artistas incatalogables, vivieron de distinta manera y desde distintas posiciones la sublevación de los rebeldes y el estallido de la guerra civil. Muchas de las posiciones de los protagonistas de la obra vinieron determinadas por el lugar en que les sorprendió la guerra. Otros muchos fueron utilizados como voceros y herramientas de propaganda por ambos bandos.

Trapiello realza la valía , y sobre todo la valentía , de los que representaron esa “tercera España”.  Esa que encarnaba una tercera vía entre el fascismo y el comunismo, entre la reacción y la revolución. Liberal y moderada, no sometida a los extremismos. Todos los  escritores que pueden incluirse en este epígrafe, fueron denostados y perseguidos por ambos bandos. Doblemente castigados por las masas sedientas de sangre y fuego, e incapaces de empuñar las armas, lucharon y se defendieron con sus letras. La mayoría de ellos optaron por el exilio y los que se quedaron se vieron constreñidos a  un “exilio interior” igualmente aniquilador.

Tampoco oculta el autor de este ensayo (aunque es dudosa la calificación de esta obra como tal) la admiración y el respeto que le causan personajes como Unamuno, Azaña, Antonio Machado, Juan Ramon Jimenez o Morla Lynch. El capítulo dedicado a Unamuno, recoge el célebre incidente en el paraninfo de la Universidad de Salamanca con Milan Astray y su inolvidable “Venceréis pero no convenceréis”.  

La descripción de Azaña, a mi parecer, sin disentir en cuanto a su valía intelectual quizá se quede algo corta en cuanto a su responsabilidad  en los lamentables hechos que precedieron a la caída de la república y el levantamiento militar. 

Entrañable es la historia del trágico final de Antonio Machado y el viaje que realiza su hermano Manuel hasta Colliure, para llorar doblemente a su hermano y a su madre que moriría solo días después de fallecer Antonio.

La otra cara de la moneda la representan Alberti, Teresa Leon, Cela, Gimenez Caballero o Pablo Neruda , entre otros personajes, a los que resulta imposible ver con los mismos ojos tras leer las anécdotas recogidas en el libro y que ponen de manifiesto ( asumiendo que tales historias sean ciertas) su mezquindad e impostura durante la guerra civil.

Muy interesante el capítulo dedicado a los escritores que el camino del exilio condujo hasta Paris, ciudad que acogió a Pio Baroja, Ortega y Gasset, Gregorio Marañon, Menendez Pidal y Perez Ayala entre otros muchos ilustres españoles. Es de un interés histórico importante la ambigüedad política de estos intelectuales que, a pesar de representar el máximo exponente de los valores liberales y haber sido defensores de la llegada de la república, llegaron a manifestar su simpatía por el General Franco ( curioso es el dato que muchos de ellos tenían algún hijo luchando con el bando nacional.); no sabemos si debido a un cobarde oportunismo o a un sincero convencimiento de que en dicho momento un régimen militar era la única salvación para una España convulsa y maltrecha tras los nefastos últimos años de la república. Quizá la respuesta este en el discurso de Ortega en la opera de Madrid en el 31 y su famosa afirmación " No es eso, no eso" en clara alusión al declive republicano.  

El libro no escatima en datos, desempolva la obra de cientos de autores que cayeron injustamente en el olvido, como Clara Campoamor o Chaves Nogales y un largo etcétera. En una época en las que los ideales extremos y la política intentaron acallar la fuerza y la belleza de la poesía pura, este manual nos recuerda que el arte como expresión del espíritu es inexpugnable. 

Retumban en mis oídos las palabras de Machado, que sintetizan magistralmente el pensamiento de los que han sido encumbrados como vencedores morales de aquella guerra fratricida:

“Quizá, después de todo, nunca aprendimos a hacer la guerra. Además carecíamos de armamento. Pero no hay que juzgar a los españoles demasiado duramente. Esto es el final; cualquier día caerá Barcelona. Para los estrategas, para los políticos, para los historiadores todo está claro: hemos perdido la guerra. Pero humanamente, no estoy tan seguro….Quizá la hemos ganado”.

Si en el colegio nos enseñaran a estudiar la historia de la literatura de la forma en la que nos la presenta Andres Trapiello, quizá resurgiría el amor a las letras en un país que parece no valorar su inestimable patrimonio cultural y literario. “Somos” en gran medida por lo que “fuimos”, por eso es fundamental conocer nuestra historia y disfrutar de nuestra literatura. 

Violeta


viernes, 14 de marzo de 2014

Mis poemas preferidos X:" La vida sencilla" de Octavio Paz



Llamar al pan y que aparezca 
sobre el mantel el pan de cada día; 
darle al sudor lo suyo y darle al sueño 
y al breve paraíso y al infierno 
y al cuerpo y al minuto lo que piden; 
reír como el mar ríe, el viento ríe, 
sin que la risa suene a vidrios rotos; 
beber y en la embriaguez asir la vida, 
bailar el baile sin perder el paso, 
tocar la mano de un desconocido 
en un día de piedra y agonía 
y que esa mano tenga la firmeza 
que no tuvo la mano del amigo; 
probar la soledad sin que el vinagre 
haga torcer mi boca, ni repita 
mis muecas el espejo, ni el silencio 
se erice con los dientes que rechinan: 
estas cuatro paredes , papel,yeso, 
alfombra rala y foco amarillento
no son aún el prometido infierno; 
que no me duela más aquel deseo, 
helado por el miedo, llaga fría, 
quemadura de labios no besados: 
el agua clara nunca se detiene 
y hay frutas que se caen de maduras; 
saber partir el pan y repartirlo, 
el pan de una verdad común a todos, 
verdad de pan que a todos nos sustenta, 
por cuya levadura soy un hombre, 
un semejante entre mis semejantes; 
pelear por la vida de los vivos, 
dar la vida a los vivos, a la vida, 
y enterrar a los muertos y olvidarlos 
como la tierra los olvida: en frutos... 
Y que a la hora de mi muerte logre 
morir como los hombres y me alcance 
el perdón y la vida perdurable 
del polvo, de los frutos y del polvo.


Octavio Paz




lunes, 10 de marzo de 2014

“La caza del carnero salvaje” , Haruki Murakami



He leído poco a Murakami. Por ahora. Después de una pequeña decepción con Tokio Blues agradezco la oportunidad de retomar este escritor que me ha ofrecido el Club de Lectura de La Vaquería. Me ha sorprendido y devuelto las ganas de ahondar en un autor de indudable éxito (de crítica y público, como se suele decir) en nuestro globalizado entorno.

La Caza del Carnero Salvaje (1982), es una de las primeras novelas de Haruki Murakami, , la que le dio fama y le permitió continuar su faceta de escritor, publicada en castellano en 1992, y cuya secuela Baila, baila, baila de 1988 nos volverá a introducir en ese universo de espejos, carneros “mágicos”, gatos, orejas abrumadoras, hoteles decadentes y cigarrillos.

Narrado en primera persona por un publicista tokiota recién divorciado, casi en la treintena y con una vida bastante anodina que irá cambiando al presentarse ante él una serie de hechos insólitos. Conoce a una mujer, modelo de orejas y prostituta ocasional, que ejerce en él una fascinación extraordinaria a través de  su excepcional atributo: unas orejas absolutamente perfectas. A la vez recibe cartas de un antiguo amigo, que recientemente ha desaparecido de Tokio sin dejar rastro. En una de esas cartas, le pide que incluya una foto de unos carneros que adjunta en alguno de sus trabajos y como consecuencia despertará el interés de una potente organización que le fuerza a buscar un  carnero “especial” bajo amenaza de arruinar su agencia y su vida.  A partir de esto, se suceden una serie de extraños acontecimientos que llevan al protagonista a un viaje, real y metafórico, donde entre los misteriosos efectos que produce el carnero, descubre cosas de los que le rodean y, sobre todo, de sí mismo.

Un toque irreal, común en algunos libros de Murkami, nos hace pensar por momentos en Kafka o en el realismo mágico, sin tener mucho en común objetivamente.  Ciertamente, la historia, con tintes detectivescos y mágicos, es bastante improbable, pero eso no es lo importante. Lo que se teje en torno a los personajes, sus sentimientos, sus certezas y sus dudas, son reales, tan naturales como los fragmentos de la vida de cualquiera. Esa cotidianidad unida a una presencia de lo sobrenatural es lo que le da un aire mágico, esos pequeños momentos que nos hacen identificarnos porque también los hemos vivido. Perder a alguien, encontrarlo, volverlo a perder. Hacer un viaje, regresar. Sentirnos atados, ser libres.
Muy interesantes y sugestivas algunas ideas que sobrevuelan la novela. Por una parte, me toca de cerca esa sensación triste y apática de la pérdida de la juventud, de lo perdido que no regresará unido a una falta de confianza en la realidad cotidiana, en la que el protagonista parece ajeno e indiferente a todo lo que le rodea, como un espectador de su propia vida. Por otra parte, encuentro especialmente seductora la reflexión sobre esa fina línea que distingue lo mágico y lo intuitivo, la certeza de lo improbable.


Creo que uno de los grandes hallazgos de este libro está en el uso de la imagen. A pesar de su peculiar falta de realismo, resulta una obra muy cinematográfica, en el que el poder de la imagen toma un protagonismo muy acusado con algunos momentos de gran intensidad visual. Dicho esto, no parece casual que, tanto el encuentro con la modelo de orejas, como el conocimiento del carnero que desencadena la trama, tienen lugar a través de sendas fotografías. A veces, un instante captado por la cámara fotográfica, registra cierto misterio de la vida, esa aparición irrepetible a la que Walter Benjamin se refirió en variadas ocasiones. 


Murakami es el más visible y acreditado representante de la nueva literatura japonesa, cuyo espíritu quiere trascender la simple contemplación de la realidad para sumergirse en un universo personal que, además, conecta muy bien con el lector occidental. Durante las primeras cien páginas no sabes muy bien a dónde quiere llegar pero aumenta en interés y cobra sentido según se avanza en la trama. Mientras, nos va dejando un poso de melancolía y existencialismo íntimo, acompañado de un siempre necesario sentido del humor derivado mayoritariamente del absurdo. Un escritor al que volveré seguro. 

Elena C.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Reunión 4 de Marzo del Club

Ayer  nos reunimos y aunque éramos pocas las asistentes, fue una reunión muy agradable. Nos juntamos para hablar sobre  Murakami tras haber leído " la caza del carnero salvaje" ( en breve subo la reseña). Yo, que no soy particularmente adepta a Murakami porque despierta mis inexistentes  instintos suicidas, debo reconocer que este libro me ha gustado. No tanto como para hacer la reseña ( se lo he encomendado a alguien que lo hara seguro mejor), pero me ha dado mala conciencia haber boicoteado su elección como lectura durante este tiempo en el club.

Elena, nuestra guía en los sábados de arte, se ha incorporado al Club y ha resultado todo un fichaje.

Dejo aquí las fotos y anunció la próxima reunión para el día 27 de Marzo, en la que tendremos la suerte de contar con la asistencia de Fernando Sánchez Dragó.  Próxima lectura consecuentemente sera  " El viaje al corazón", obra del citado autor. 

Au revoir !


martes, 4 de marzo de 2014

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